martes, 20 de marzo de 2012

Deslumbrantes sombras

Primavera florentina. Los farolillos del paseo del río desprenden mariposas de olores calurosos y miradas distintas. Durante el frío y breve invierno, los copos de nieve fueron exclusivamente fabricados por la cúpula de Brunelleschi una noche de enero. Emociones intrínsecas que formaban el deseo de la ciudad de expresar la navidad pasada y los primeros meses, los más difíciles en el inicio.

Cambios en las hojas arbóreas, colores que difuminan la atmósfera de sensaciones de soledad acompañada. Entre las estaciones venideras, los recuerdos de cada temperatura o color del cielo, añaden un verso al poema de experiencias dentro de mí. Las brisas del corazón de otoño llamaron a la puerta bajo cero grados, anhelando la primera primavera renacentista. Crecimientos tiernos de una vida dura como las piedras del campanille. Campanadas de risas entre palabras que se esconden bajo una pluma distante pero deseada.

Pétalos que preceden verdes llanuras alrededor del Arno. Juegos corpóreos que trazan los puentes, viejos y nuevos, de la ciudad. Naranja, rosa, amarillo. Morado, morado como el cielo en aquellas noches descendentes, repletas de emociones por llegar. Inquietudes que hoy pecan de tranquilidad para guardar un bello recuerdo para un desenlace desenfadado.

El frescor toscano, pintado de rojo y marrón en óleo color beso, toca la piel más delicada, destapada por las prisas del verano atropellante. Y Florencia, en un espacio atemporal, indefinido, sigue ahí, observando desde el subterráneo floreciente, sinuosa caricia que por fin deja ver la mano sabia, maestra de sabiduría. Y renace, recoge, rehace, reparte, retoca en el tocador afrutado del viñedo exquisito, para saborear una primera primavera con ojos liberados del parche temeroso.

Benvenuta spring.


lunes, 12 de diciembre de 2011

Borrachera de sensaciones junto al Arno

Las gotas de lluvia parecen salir de una película filmada en el cielo. Tras varias semanas esperando ansiada la expresión más acentuada de la época invernal, las hojas caídas llegaron a la ciudad. Existe una sensación continua en este lugar de no sacar todo el jugo posible a sus rincones, y ahí sigue. Te mira, te observa, te llama la atención con su belleza y te provoca en todas sus posibilidades. Desde la ventana el aire se pasea junto a los edificios, continúa descubriendo unas calles cada vez más transparentes y, a la vez, repletas de misterios.

Sentirse en cuerpo es fácil. Sentirse en cuerpo y alma, no. Como las notas musicales en un pentagrama que se deslizan conformando una melodía, los sentimientos recorren los días, se dejan llevar en un paseo infinito. No se divisa un final, sólo hubo un principio y luego, todo lo demás. El resto. Ese resto que poco a poco configura los planes mentales, todos esos esquemas de sensaciones que llegaron a un punto de inflexión transformado. Y en un segundo, en una decisión de una mañana, te cambia la vida. Fácil, típico y poco premeditado.

A quién le reprochas, a quién le preguntas, a quién le reclamas una explicación de lo sucedido. Qué fácil pensar en dejarse llevar y qué difícil hacerlo. Fue el principio y luego el resto, todo menos predecible. Parece que la vida comienza cuando la razón deja de trabajar segundo a segundo y el alma entra en juego. Ahora no es sólo Florencia. Es Florencia y yo.

Vistas inesperadas, sabores explosivos, celestiales, olores espumosos, toscanos, conversaciones nerviosas y tranquilas, cómodas e inseguras, acciones impensables. Al final son eso. Sensaciones de un futuro que alcanza al presente. No te da tiempo, quieres pararlo y se escapa. Cuando estás a punto de agarrarlo, se escurre entre tus dedos. El presente se escurre. Y el futuro se difumina en decisiones importantes. Quizás ahora lo menos importante sea mirar al cielo y preguntarte quién eres, porque con tan sólo un reflejo en el espejo, te preguntas y encuentras esas palabras que en su día te aseguraron la decisión más importante.

Carpe Diem? Disfruta del momento? No es difícil recordar aquella mirada después del primer beso. Esa es la sensación de sentirte nueva por dentro y valiente por fuera. No se trata de disfrutar el momento. Es, más bien, tener la seguridad de que sabes que disfrutarás todos y cada uno de los segundos que ella te brinda. Florencia. Cada letra invita a quererte. Como el olor de la flor más bonita que te ofrece esa esencia. Tú. Siempre, entre las aguas de tu río quedarán estos pensamientos.

jueves, 10 de noviembre de 2011

El mundo y sus maravillas


Era una sensación de bienestar absoluto. Una búsqueda con la esperanza de llegar al fin de los tiempos, creyendo sinceramente en el amor al arte. Al observar los entresijos de la ciudad, se descubrían una infinidad de señales que le decían por dónde caminar sin miedo. Melodías de lugares desconocidos le reclamaban una admiración infinita, y todo comenzó a dar un giro peculiar, que la dejó casi sin aliento.

No sabía exactamente qué pudo ser, porque nunca creyó en el destino, en el destino sin argumento. Ese era el más enigmático porque escondía miles de respuestas pero no supo construir las preguntas. Bajo la sombra de una cúpula sin nombre, paseó hasta reconocerla en sus sueños y descubrir una de las respuestas que la dirigieron lejos de allí para divisar desde una colina un río repleto de miradas que lo engrandecían inmerso en una ciudad, también sin nombre.

Sobre los arcos, la sombra del arte y de la historia, daban razón de ser a la profundidad de la filosofía construída alrededor de aquel singular lugar que la encantaron con la música que, de una forma muy elegante, hacía bailar sus pensamientos de un horizonte a otro de la ciudad. Sus pasos adquirieron la magia del lugar para dibujar un paseo que, de forma preciosa, no le dejaba imaginar el anhelo de disfrutar una mirada larga, intensa. Sintiendo que el tiempo volaba entre sus dedos que deseaban tocar el arte que la rodeaba. Y con esa magia quiso continuar el viaje. La magia de la ilusión perdida tiempo atrás, aquel pasado que escribió como un prólogo para escribir esta historia. Un cuento con argumento de fantasía mezclado con realidad que nunca quiso terminar. Sería una historia sin final, pero con un principio lleno de palabras con sentido.

El reloj marcó la hora de la felicidad. Entonces comprendió que nada malo podría suceder mientras la magia rodeara todos sus deseos. Paró en seco y, cúal fue su sorpresa, al divisar un horizonte completo, lleno de preguntas. Por dónde empezar, se dijo. Las melodías comenzarón a acompañar aquellos pensamientos desordenados para darles forma de destino incierto. Lo único cierto era que allí estaba y, lo más importante, sabía qué tenía que hacer.


domingo, 9 de octubre de 2011

Descubriéndote..

Sentir la necesidad de escribir como modo de despertar los pensamientos más recónditos de la mente es una de las sensaciones más reconfortantes del ser humano. Sentir que narrando un par de sentimientos entrecruzados, cambia la forma de pensar, desde ese sitio, desde este otro sitio. Es la seguridad de que comienza algo nuevo, pero no desde un borrón y un volver a empezar. Es la continuación de algo que dejaste atrás y que, ahora, regresa para completar aquello que dejaste sin terminar.

Se trata de otra brisa, otro cielo, otras nubes y un sol más nítido. Quizás sólo comparable con ese dibujo perfecto que consiguen las estrellas cuando se alinean alrededor de la luna en una noche fascinante. Fascinante, como todos los atardeceres que cada día descubren esta ciudad y la visten de morado, morado místico, morado fantasía, morado belleza, morado, el comienzo de la noche fiorentina. La noche tenue. Las calles se dejan caer para conseguir una belleza perfecta, mezclada con la muchedumbre y el murmullo de los farolillos que abrazan el Arno, lanzando besos al Ponte Vecchio escuchando los piropos de la gente que, por primera vez, te descubre.

Tras un mes, sólo puedo desprender palabras que te regalen el oído, porque no posees ningún inconveniente que compense tu esencia eterna de recuerdo permanente. Es la creación de un paraíso que nace en la mente del que te observa con detenimiento. Del que descubre ese lugar nuevo donde cambia la perspectiva. Existen dos estampas de ti. Una la fabrican las cámaras fotográficas. La otra, la creas tú. Desde ese espacio donde caes en la cuenta de que no eres normal. Tienes un punto de vista mucho más bello. Allí donde te dejas abrazar, besar, acariciar.
Si tuviera que hacer un balance (o una balanza) de todo aquello que aportas en cada mirada, a cada paso por tus calles, sólo tendría que afirmar varios motivos del resquicio de tristeza que albergo en el interior de toda esta felicidad. Y es que los días pasan, y eso es lo que entristece. Que pasan y que no se pueden estirar más. Tendrán, incluso, un fin que, quien te descubre, no quiere alcanzar.

Tienes la capacidad de proporcionar todo aquello que el que te conoce puede buscar. Buscando me encuentro en este momento, avanzando por tu historia. Cuéntamela, porque quiero encontrar aquello que dejé sin terminar. Complétame.