domingo, 9 de octubre de 2011

Descubriéndote..

Sentir la necesidad de escribir como modo de despertar los pensamientos más recónditos de la mente es una de las sensaciones más reconfortantes del ser humano. Sentir que narrando un par de sentimientos entrecruzados, cambia la forma de pensar, desde ese sitio, desde este otro sitio. Es la seguridad de que comienza algo nuevo, pero no desde un borrón y un volver a empezar. Es la continuación de algo que dejaste atrás y que, ahora, regresa para completar aquello que dejaste sin terminar.

Se trata de otra brisa, otro cielo, otras nubes y un sol más nítido. Quizás sólo comparable con ese dibujo perfecto que consiguen las estrellas cuando se alinean alrededor de la luna en una noche fascinante. Fascinante, como todos los atardeceres que cada día descubren esta ciudad y la visten de morado, morado místico, morado fantasía, morado belleza, morado, el comienzo de la noche fiorentina. La noche tenue. Las calles se dejan caer para conseguir una belleza perfecta, mezclada con la muchedumbre y el murmullo de los farolillos que abrazan el Arno, lanzando besos al Ponte Vecchio escuchando los piropos de la gente que, por primera vez, te descubre.

Tras un mes, sólo puedo desprender palabras que te regalen el oído, porque no posees ningún inconveniente que compense tu esencia eterna de recuerdo permanente. Es la creación de un paraíso que nace en la mente del que te observa con detenimiento. Del que descubre ese lugar nuevo donde cambia la perspectiva. Existen dos estampas de ti. Una la fabrican las cámaras fotográficas. La otra, la creas tú. Desde ese espacio donde caes en la cuenta de que no eres normal. Tienes un punto de vista mucho más bello. Allí donde te dejas abrazar, besar, acariciar.
Si tuviera que hacer un balance (o una balanza) de todo aquello que aportas en cada mirada, a cada paso por tus calles, sólo tendría que afirmar varios motivos del resquicio de tristeza que albergo en el interior de toda esta felicidad. Y es que los días pasan, y eso es lo que entristece. Que pasan y que no se pueden estirar más. Tendrán, incluso, un fin que, quien te descubre, no quiere alcanzar.

Tienes la capacidad de proporcionar todo aquello que el que te conoce puede buscar. Buscando me encuentro en este momento, avanzando por tu historia. Cuéntamela, porque quiero encontrar aquello que dejé sin terminar. Complétame.